
El debate nuclear es un debate desigual y viciado desde el principio. En primer lugar, porque los antinucleares son organizaciones de la sociedad civil con medios limitados, y los pro-nucleares, con el Foro Nuclear a la cabeza, son empresas con un potente aparato de lobby. En segundo lugar, porque nunca se reconoce que la energía nuclear ha llegado al grado de desarrollo que tiene debido a las guerras. El s.XX es un siglo de enfrentamientos bélicos. Dos guerras mundiales y una guerra fría con una escalada armamentística sin precedentes entre dos grandes potencias. En este contexto la cantidad de dinero destinado a las tecnologías fue brutal, pero sin embargo no fue hasta 1955 cuando se planteó la posibilidad de utilizarla para fines civiles. Y en tercer lugar porque la energía nuclear es la respuesta a la pregunta equivocada. No se trata de producir energía para mantener el actual modelo, se trata de cambiarlo para que sea sostenible y eficiente. Pero los pronucleares pretenden crear la ilusión de que invirtiendo en esta energía todo puede seguir igual.
El debate es muy complicado y complejo, y por ello me centraré en tres aspectos esenciales, por configurar los tres principales argumentos de los pronucleares: La energía nuclear es limpia por no emitir CO2 y sirve para luchar contra el cambio climático, la energía nuclear es barata y rentable económicamente y ayudará a acabar con la dependencia energética española.
La energía nuclear es limpia y sirve para combatir el cambio climático.La energía nuclear no es limpia, sino que de hecho es la más sucia. No emite CO2, pero genera una gran cantidad de residuos radiactivos de alta peligrosidad. Algunas variantes del plutonio siguen siendo radiactivas durante casi 25.000 años. Además emiten gases a través de la chimenea y vertidos líquidos al mar, río o fuente de agua utilizada para su refrigeración. Según un estudio del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III del Ministerio de Sanidad, la tasa de mortalidad por mieloma múltiple en las proximidades de la central nuclear de Zorita es 4 veces más alta de lo normal. También en enero de 2008, se publicó en European Journal of Cancer un estudio de investigadores alemanes que demostraba que los niños que viven a menos de cinco kilómetros de una central nuclear tienen un 50% más de probabilidades de desarrollar leucemia.
Tampoco sirve para combatir el cambio climático. El Protocolo de Kioto recoge el Mecanismo de Desarrollo Limpio, un sistema para invertir en sistemas de reducción de CO2. Algunas potencias intentaron incluir la energía nuclear dentro de este mecanismo. Pero los países pobres y en vías de desarrollo lo impidieron. Para los países pobres, porque las redes de alta tensión que se necesitan para la energía nuclear son muy caras y de muy poco uso dado su consumo. Para los países en desarrollo densamente poblados, los costes y el tiempo invertido en construir centrales nucleares impide que esta energía pueda desarrollarse al mismo ritmo que la demanda creciente. Hay que recordar que los países en desarrollo como China, India o Brasil son los más contaminantes junto con EE.UU.
La energía nuclear es barata y por lo tanto rentable.El Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), probablemente la institución tecnológica y científica más importante del mundo, asegura explícitamente en su
informe “El futuro de la energía nuclear” editado en 2003, pero actualizado cada año, que en las actuales condiciones la energía nuclear no es económicamente rentable. Para que lo fuera sería necesario reducir el plazo de construcción de las centrales de 10 a 4 años (cosa que hoy por hoy no es viable) o reducir los costes de operación y mantenimiento en un 8%. El nuevo reactor que se está construyendo en Finlandia pretendía ser el emblema del resurgimiento nuclear, y aseguraron que estaría acabado en 4 años. Sin embargo, a día de hoy el fin de la construcción se retrasa un mínimo de tres años (es decir tardarán por lo menos 7 años) y los sobrecostes derivados pueden superar las 3.000 millones de euros. La energía nuclear depende por tanto de elevadísimas subvenciones estatales.
La energía nuclear acabará con la dependencia energética españolaDe todos los argumentos éste quizás es el que tiene menos sustento. En la actualidad España importa el 80,2% de la energía que consume, principalmente gas y petróleo. No obstante, España no tiene reservas ni minas de Uranio, ya que la última mina de este tipo dejó de producir en el año 2.000. Por lo tanto estamos hablando de que tendría que importar el 100% del uranio necesario. Además, la energía nuclear tiene mínimos efectos sobre el consumo de petróleo, ya que el 95% del mismo se utiliza en el sector transportes. Otro argumento es que los países extractores de uranio son más seguros y estables que los extractores de petróleo. Los exportadores de uranio son Canadá, Australia, Brasil, Níger, Rusia, Namibia, Kazajistán. Desde luego los cuatro últimos no parecen los mejores socios energéticos desde un punto de vista geoestratégico.
Frente a esto, un estudio del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Pontificia de Comillas demostró que existen varias combinaciones de energías renovables que podrían satisfacer el 100% de la demanda de energía eléctrica peninsular. Por supuesto esto requeriría de un cambio de modelo en el que el ahorro y la eficiencia fueran los dos elementos centrales de la política. Es necesario apostar por la innovación y nuevos conceptos cómo la bioarquitectura. Arquitectos de prestigio internacional cómo Richard Rogers han demostrado que se pueden construir edificios autosuficientes desde el punto de vista energético a un precio significativamente menor que los actuales inmuebles.
Lo que pretendo demostrar con esta entrada es que los antinucleares no somos integristas verdes ni pretendemos volver a la era de la cavernas, como aseguran neoconservadores del calado intelectual de Aznar. Simplemente somos personas preocupadas por el medio ambiente y la salud que no entendemos por qué hay que dedicar tanto dinero público a una energía que es sucia, peligrosa, cara, no sirve para combatir el cambio climático y no resuelve el problema de la dependencia energética. Ser antinuclear es apostar por un mundo más limpio, más saludable, más sostenible y más justo. Un mundo basado en la innovación y el conocimiento puestos al servicio de las verdaderas necesidades del ser humano.