Las ONGs de ayuda al desarrollo se han multiplicado en las últimas dos o tres décadas. Sin embargo, a la luz de los datos, el aumento de este tipo de organizaciones no ha ido acompañado de una mejora sustancial de las condiciones de vida en los países pobres. De hecho, los pocos países que se han desarrollado lo han hecho por motivos ajenos a la cooperación de las ONGs. Esto provoca cierta desconfianza en la población hacia el fenómeno de las ONGs y nos lleva a preguntarnos porqué los efectos de este tipo de cooperación son tan limitados.
La respuesta es a priori sencilla. Porque durante todos estos años se ha estado trabajando con un paradigma equivocado. El modelo que se tenía presente es aquél que considera que la pobreza es una falta de dinero y recursos y que por lo tanto la solución es dar dinero y recursos para revertir la situación. Pero esto es erróneo. La dádiva no provoca desarrollo, sino mejoras coyunturales supeditadas a la continuación del flujo de dinero. Y el verdadero desarrollo debe ser sostenible en el tiempo más allá del dinero. Por ello el concepto clave para el desarrollo es el empoderamiento de las poblaciones locales. A grandes rasgos, podríamos decir que el empoderamiento consiste en convertir a las poblaciones locales en sujetos de su propio desarrollo, comprometiéndoles en un proyecto comunitario y global que garantice su continuidad más allá del dinero.
Y digo esto porque el apadrinamiento es quizás el mayor referente del antiguo paradigma. Al margen de consideraciones de carácter ético y moral (personalmente no me gusta que se explote la imagen de los niños en temas de desarrollo) canalizar la ayuda a través de los niños no parece lo más adecuado. Para los padres la tragedia es no poder ni siquiera dar de comer a sus hijos. Y lo ideal es proveer a la comunidad de los recursos necesarios para que sean ellos mismos quienes saquen adelante a sus hijos, y que no tengan la conciencia de que si los hijos comen es gracias a la aportación de una persona del primer mundo que les da el dinero.
Existen muchos ejemplos, como el fenómeno de las ollas comunitarias en algunas zonas de Perú. Las madres de los niños escolarizados se reunían para cocinar. De esta manera aseguraban que todos los niños comían y bien, y conseguían mejor alimentación con menos recursos. Se me podrá decir que en realidad el dinero del apadrinamiento lo gestionan las propias comunidades, que se invierte en infraestructuras etc. Pero entonces ¿porqué se utiliza la forma del apadrinamiento y no se invierte directamente en escuelas, clínicas etc.? Sencillo, porque es una buena estrategia para llegar a la gente. Se trata simplemente de marketing, un concepto que no debería ir ligado al desarrollo.
Pero esta no es la única crítica. En España, hay apadrinados más de un millón de niños. La aportación suele rondar los 20 euros al mes. Es decir que se produce un flujo constante de más de 20 millones de euros mensuales sólo desde España. ¿Cuántas escuelas se pueden habilitar e cualquier país subdesarrollado con ese dinero? ¿Cuántos hospitales y centros de salud? ¿Cuántas cooperativas agrícolas? Lo que pretendo decir es que la rentabilidad de ese dinero sería mucho mayor si se planteara su utilización de manera más global y comunitaria. Y aunque el dinero se utilice en toda la comunidad, una parte se destina directamente a la familia y al niño apadrinado, con el consiguiente peligro de que se creen diferentes clases económicas entre apadrinados y no apadrinados, o la pérdida de recursos que supondría para la familia que el padrino, por las cuestiones que fuera decidiera dejar de dar dinero.
Por otra parte, las ONGs dedicadas al apadrinamiento, generalmente se desmarcan de cualquier planteamiento político. Intervida, Ayuda en acción etc. , son ONGs con un alto grado de vinculación institucional. La lista de medios de comunicación, empresas e instituciones que colaboran con ellos es muy extensa (llegando incluso al patrocinio deportivo, como es el caso del equipo de baloncesto Ayuda en Acción Fuenlabrada), y son conscientes que un mayor compromiso político podría dar al traste con buena parte de este respaldo. Además un posicionamiento político también reduce los socios, porque muchos no colaborarán sino concuerda con su pensamiento. Pero desgraciadamente desarrollo y política no se pueden desvincular. Como dijo Ramiro Viñuales, candidato al parlamento europeo por el partido Por un mundo más justo, “el fin de la pobreza es una decisión política”.
miércoles 18 de noviembre de 2009
miércoles 4 de noviembre de 2009
Multinacionales y desarrollo
Hay una pregunta, que por pueril y simplista que parezca, vale la pena hacerse. ¿Quién gobierna el mundo? Es decir, ¿quién en el actual sistema tiene más poder de decisión a nivel global? Yo al respecto no tengo ninguna duda. Las multinacionales. Si comparamos PIB y facturación en términos equivalentes, de las primeras 100 economías del mundo 51 serían multinacionales. Si además tenemos en cuenta el poder de influencia de éstas sobre las 49 economías restantes y sobre muchas instituciones internacionales, pocas dudas se pueden albergar al respecto. Además las instituciones internacionales más importantes, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio son organismos al servicio de los lobbies económicos de los países del primer mundo.
La característica principal de las empresas multinacionales (que suman entre empresas matrices y filiales casi 900.000) es su capacidad global de producción. Se pueden trasladar a cualquier país del mundo. Esto les da gran capacidad de negociación sobre los gobiernos, especialmente gobiernos débiles y corruptos de países pobres, trasladándose a aquellos que les ofrezcan condiciones más favorables. Estas condiciones suelen consistir en ventajas fiscales (llegando a no pagar impuestos) baja regulación laboral y medioambiental etc. En definitiva capacidad para hacer lo que les dé la gana, si me permiten la expresión. El problema de esto, es que los estados terminan cediendo sus factores de producción a cambio de nada o de muy poco, lo que provoca la “descapitalización” paulatina del estado, que se ve sin capacidad de acción ante las grandes corporaciones. La inversión extranjera directa, que según la teoría económica es un factor decisivo de crecimiento, se convierte de esta manera en un obstáculo al desarrollo.
Si vamos a nuestro ropero y comprobamos la procedencia de nuestras prendas, veremos que la mayoría están hechas en países como Vietnam, Camboya o Bangladesh, que se encuentran entra los países más pobres del mundo. En ellos las grandes marcas de textil, muebles o otros bienes comunes emplean a la gente en condiciones infrahumanas, por sueldos que apenas alcanzan para comer. Pensemos por un momento que existiera una organización que pudiera exigir un comportamiento ético a las empresas, así como controlar sus acciones, que se les prohibiera emplear mano de obra infantil, y se les obligara a pagar sueldos dignos, impuestos y asegurar condiciones de trabajo saludables. Todos esos trabajadores pobres verían como aumentan de manera exponencial sus ingresos.
¿Cuál sería el resultado? Los trabajadores verían aumentados sus ingresos, con lo cual desaparecería gran parte de la pobreza y el hambre. Los niños al no trabajar y estar en familias con ingresos podrían asistir a la escuela. Las personas tendrían dinero para algo más que para la subsistencia, con lo cual se empezaría a crear un mercado interno, que bien gestionado y con ayudas tales como microcréditos podría generar una pequeña clase empresarial autóctona que invertiría en infraestructuras y maquinaria de producción. El Estado merced a los impuestos que cobraría a las empresas multinacionales, a los trabajadores y a la nueva clase empresarial vería aumentado sus ingresos y podría invertir en educación, infraestructuras y sanidad. Es decir, con un simple gesto como exigir a las empresas que garanticen unas condiciones dignas de trabajo, en algo más de una década veríamos como un gran número de países alcanzan un nivel de progreso aceptable, sin necesidad de que les diéramos ni un sólo euro vía ONGs o Ayuda Oficial al Desarrollo.
Pero lo más grave de todo, es que estas multinacionales se enriquecen gracias al consumo del primer mundo. Cada vez que compramos una zapatilla Nike, o una camiseta Adidas contribuimos a la persistencia de la pobreza y la desigualdad. Y el problema es que las multinacionales acaparan la práctica totalidad del mercado. Zara, Berska, Pull and Bear, Lefties, las marcas deportivas, Tommy Hilfigher. Es tal el oligopolio, que las multinacionales no se molestan ni en disimular sus prácticas, conscientes de que los ciudadanos están casi obligados a comprar sus productos. Son pocos los que pueden asumir el coste de dinero y tiempo que supondría buscar y comprar ropa y productos hechos de manera ética. Por ello aunque se puede avanzar en tiendas de comercio justo y demás, gran parte a la solución de estos problemas sería el desmantelamiento de las instituciones de Bretton Woods así como de la OCDE y la OMC, y sus sustitución por un organismo internacional capaz de controlar y en su caso juzgar (por la vía penal) la acción de las empresas multinacionales. Ah! Y un pequeño apunte. No apadrinéis niños, por favor. En un par de días explicaré porqué.
La característica principal de las empresas multinacionales (que suman entre empresas matrices y filiales casi 900.000) es su capacidad global de producción. Se pueden trasladar a cualquier país del mundo. Esto les da gran capacidad de negociación sobre los gobiernos, especialmente gobiernos débiles y corruptos de países pobres, trasladándose a aquellos que les ofrezcan condiciones más favorables. Estas condiciones suelen consistir en ventajas fiscales (llegando a no pagar impuestos) baja regulación laboral y medioambiental etc. En definitiva capacidad para hacer lo que les dé la gana, si me permiten la expresión. El problema de esto, es que los estados terminan cediendo sus factores de producción a cambio de nada o de muy poco, lo que provoca la “descapitalización” paulatina del estado, que se ve sin capacidad de acción ante las grandes corporaciones. La inversión extranjera directa, que según la teoría económica es un factor decisivo de crecimiento, se convierte de esta manera en un obstáculo al desarrollo.
Si vamos a nuestro ropero y comprobamos la procedencia de nuestras prendas, veremos que la mayoría están hechas en países como Vietnam, Camboya o Bangladesh, que se encuentran entra los países más pobres del mundo. En ellos las grandes marcas de textil, muebles o otros bienes comunes emplean a la gente en condiciones infrahumanas, por sueldos que apenas alcanzan para comer. Pensemos por un momento que existiera una organización que pudiera exigir un comportamiento ético a las empresas, así como controlar sus acciones, que se les prohibiera emplear mano de obra infantil, y se les obligara a pagar sueldos dignos, impuestos y asegurar condiciones de trabajo saludables. Todos esos trabajadores pobres verían como aumentan de manera exponencial sus ingresos.
¿Cuál sería el resultado? Los trabajadores verían aumentados sus ingresos, con lo cual desaparecería gran parte de la pobreza y el hambre. Los niños al no trabajar y estar en familias con ingresos podrían asistir a la escuela. Las personas tendrían dinero para algo más que para la subsistencia, con lo cual se empezaría a crear un mercado interno, que bien gestionado y con ayudas tales como microcréditos podría generar una pequeña clase empresarial autóctona que invertiría en infraestructuras y maquinaria de producción. El Estado merced a los impuestos que cobraría a las empresas multinacionales, a los trabajadores y a la nueva clase empresarial vería aumentado sus ingresos y podría invertir en educación, infraestructuras y sanidad. Es decir, con un simple gesto como exigir a las empresas que garanticen unas condiciones dignas de trabajo, en algo más de una década veríamos como un gran número de países alcanzan un nivel de progreso aceptable, sin necesidad de que les diéramos ni un sólo euro vía ONGs o Ayuda Oficial al Desarrollo.
Pero lo más grave de todo, es que estas multinacionales se enriquecen gracias al consumo del primer mundo. Cada vez que compramos una zapatilla Nike, o una camiseta Adidas contribuimos a la persistencia de la pobreza y la desigualdad. Y el problema es que las multinacionales acaparan la práctica totalidad del mercado. Zara, Berska, Pull and Bear, Lefties, las marcas deportivas, Tommy Hilfigher. Es tal el oligopolio, que las multinacionales no se molestan ni en disimular sus prácticas, conscientes de que los ciudadanos están casi obligados a comprar sus productos. Son pocos los que pueden asumir el coste de dinero y tiempo que supondría buscar y comprar ropa y productos hechos de manera ética. Por ello aunque se puede avanzar en tiendas de comercio justo y demás, gran parte a la solución de estos problemas sería el desmantelamiento de las instituciones de Bretton Woods así como de la OCDE y la OMC, y sus sustitución por un organismo internacional capaz de controlar y en su caso juzgar (por la vía penal) la acción de las empresas multinacionales. Ah! Y un pequeño apunte. No apadrinéis niños, por favor. En un par de días explicaré porqué.
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martes 27 de octubre de 2009
La administración Bush nos hizo un favor...
Si les pido que piensen en un ejemplo de país desarrollado, ustedes, dependiendo de sus ideas, sentimientos, procedencia etc. pensarán en varios países. Noruega, Suecia, Alemania, habrá alguno que incluso piense en España (allá él). Pero hasta hace unos años, y aún hoy, cuando se escuchaba país desarrollado mucha gente pensaba instintivamente en los Estados Unidos de América. Y por consiguiente, desarrollarse era equivalente a parecerse a EE.UU. Sin ambargo es uno de los páises más contaminados y que más contaminan (EE.UU. y China producen en 50%de las emisiones de CO2 a la atmósfera), con mayores desigualdades internas, con un índice altísimo de pobreza, con hábitos alimenticios de los menos saludables del mundo, y con una de las mayores tasas de muertes por armas de fuego, entre otras cosas. Y he puesto este ejemplo,por evidente. Pero por ejemplo, nosotros, España, al sazón 8ª economía mundial somos unos de los países con más paro, temporalidad, fracaso escolar, y con el sueldo base más bajo. Y salvo excepción de los países escandinavos (que tampoco pretendo venderlos como un paraíso), podría seguir así con la inmensa mayoría de los llamados países desarrollados.
¿Porque digo esto? Porque de la misma manera que hablamos de subdesarrollo o países en vías de desarrollo, deberíamos empezar a hablar de maldesarrollo. Porque ese es el término que define a un sistema que basa su crecimiento en la sobreexplotación de los recursos naturales, en la explotación de los trabajadores tanto en su territorio como fuera de sus fronteras y en el expolio de las naciones del tercer mundo. Y además, es un sistema que sin cambios, no aguantaría más allá de 4 o 5 décadas. Por lo tanto, se tiene que cambiar la conciencia global sobre el desarrollo. Todos debemos desarrollarnos. El Tercer Mundo debe empezar desde el principio y crear infraestructuras de producción y trabajo para conseguir un desarrollo económico elemental. Pero es que el Primer mundo debe reflexionar y cambiar su modelo de desarrollo, que por otra parte impide el de la mayoría del planeta. Y África, parte de Asia y Sudamérica debe comprender que seguir la senda de Europa y EE.UU. no es lo conveniente. Deben encontrar sus propias maneras de alcanzar una situación económica que les permita pasar a un a segunda fase de desarrollo.
Durante los ocho años que George W. Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía estuvieron en la Casablanca, la imagen del que había sido el modelo de progreso de occidente sufrió un gran deterioro. Fue tan brutal que prácticamente dilapidó el concepto de soft power, enunciado por Joseph Nye, que quizás sea el mayor éxito de la cultura estadounidense. Pero nos hicieron un favor. Porque gracias a ello, gran parte de la población fue tomando conciencia de la invalidez del modelo de las barras y estrellas. En esta situación, y con la UE a la deriva, la falta de un líder claro sobre el que sustentar la base de nuestro progreso, ha llevado a mucha gente a plantearse su vigencia.
Y ese es fundamentalmente el objetivo de este blog. Pretendo analizar las diferentes alternativas que se proponen (que las hay, y muchas) a un modelo basado exclusivamente en el consumo. Poco a poco iré abordando temas y conceptos y plantearé mis reflexiones. Desde una perspectiva crítica, de izquierda y siempre en clave global. Si les interesa, aquí les espero. Muchas gracias.
¿Porque digo esto? Porque de la misma manera que hablamos de subdesarrollo o países en vías de desarrollo, deberíamos empezar a hablar de maldesarrollo. Porque ese es el término que define a un sistema que basa su crecimiento en la sobreexplotación de los recursos naturales, en la explotación de los trabajadores tanto en su territorio como fuera de sus fronteras y en el expolio de las naciones del tercer mundo. Y además, es un sistema que sin cambios, no aguantaría más allá de 4 o 5 décadas. Por lo tanto, se tiene que cambiar la conciencia global sobre el desarrollo. Todos debemos desarrollarnos. El Tercer Mundo debe empezar desde el principio y crear infraestructuras de producción y trabajo para conseguir un desarrollo económico elemental. Pero es que el Primer mundo debe reflexionar y cambiar su modelo de desarrollo, que por otra parte impide el de la mayoría del planeta. Y África, parte de Asia y Sudamérica debe comprender que seguir la senda de Europa y EE.UU. no es lo conveniente. Deben encontrar sus propias maneras de alcanzar una situación económica que les permita pasar a un a segunda fase de desarrollo.
Durante los ocho años que George W. Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía estuvieron en la Casablanca, la imagen del que había sido el modelo de progreso de occidente sufrió un gran deterioro. Fue tan brutal que prácticamente dilapidó el concepto de soft power, enunciado por Joseph Nye, que quizás sea el mayor éxito de la cultura estadounidense. Pero nos hicieron un favor. Porque gracias a ello, gran parte de la población fue tomando conciencia de la invalidez del modelo de las barras y estrellas. En esta situación, y con la UE a la deriva, la falta de un líder claro sobre el que sustentar la base de nuestro progreso, ha llevado a mucha gente a plantearse su vigencia.
Y ese es fundamentalmente el objetivo de este blog. Pretendo analizar las diferentes alternativas que se proponen (que las hay, y muchas) a un modelo basado exclusivamente en el consumo. Poco a poco iré abordando temas y conceptos y plantearé mis reflexiones. Desde una perspectiva crítica, de izquierda y siempre en clave global. Si les interesa, aquí les espero. Muchas gracias.
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