martes 9 de febrero de 2010

¿En qué consiste ser francés? ¿Y español?


En noviembre, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, lanzó un debate nacional para reflexionar sobre la identidad francesa. Disfrazado de reflexión sobre los valores de la República, lo que en realidad pretende soterradamente es reivindicar los valores cristianos y tradicionales frente al 13% de inmigrantes que viven en Francia, en su mayoría musulmanes. Acusado de no contar con expertos en el tema, ha formado una comisión de historiadores, sociológos y demás disclipinas afines a tan intangible tema. Según el presidente se trata de “afirmar la identidad nacional y reafirmar (...) el orgullo de ser francés".

Alguien debería explicarme algún día por qué tiene uno que estar orgulloso de haber nacido en un determinado país, circunstancia en muchos casos azarosa. Leo en la Rae la única definición de orgullo que existe: Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas. En otras palabras, el orgullo de las grandes naciones europeas (o su nacionalismo). El mismo que las llevó a expoliar y masacrar a gran parte del mundo durante el colonialismo. El mismo que las sumió en dos guerras mundiales.

Y leyendo la propuesta de Sarkozy (hijo por cierto de un húngaro y una judía sefardita convertida, es decir francés de los de siempre, de los orgullosos) se me ocurrió que a alguien se le ocurriera trasladar esa pregunta a España. ¿En qué consiste ser español? Pues depende. Pregúnteselo a Aznar y luego a Julio Anguita. Pregúntenselo al Rey y luego a Juan Marsé. Recibirán cuatro respuestas distintas. Si existe una forma de ser español, es que por lo menos tres de ellos están equivocados.Si existe una forma de ser español es que en España hay un porcentaje de buenos españoles y el resto está equivocado.

Yo humildemente voy a lanzar una respuesta a la pregunta de Sarkozy, más que nada para resolver en embrollo y ahorrarle mucho dinero en expertos. Ser francés o español, no es ni más ni menos que tener una vinculación jurídica para con ese estado. Vinculación que llamamos nacionalidad y que otorga una serie de derechos y deberes. ¿Qué es ser francés? Vaya usted y pregunte en Argelia…

sábado 6 de febrero de 2010

¿Izquierda reaccionaria?


¿Qué es la izquierda? Desde luego esta es una pregunta que tiene difícil respuesta. Pero a pesar de no poder ofrecer una definición clara, si podemos señalar algunas características básicas. La izquierda es defensora de la idea del progreso, la innovación, la igualdad y el ámbito público. Esto se contrapone a la derecha, que defiende los valores tradicionales y lo privado. No pretendo dar una clase de política para tontos, sino apuntar unas ideas básicas para argumentar mi posición.

¿Por qué digo esto? Porque desde hace años observo atónito como es la derecha la que tiene la capacidad de innovación y creatividad frente a una izquierda cuyos postulados y discursos parecen no haberse movido ni un ápice desde hace varios siglos. ¿Cómo es posible que estas alturas no se haya abandonado la anacrónica dialéctica marxista? Os guste o no, el proletariado ya no existe, o no cómo antes. España y los países desarrollados ya no son países con una estructura social de base obrera. A pesar de que la mayor parte de la población cobre 1000 euros o menos, estas personas suelen tener acceso a la compra de un piso, a un coche más o menos bueno, a muebles de diseño o a un crucero por el mediterráneo. Es cierto que en España esto se ha sustentado sobre un endeudamiento irracional, pero no es menos cierto que estas circunstancias impiden hablar con propiedad de la existencia de una gran clase proletaria.

En esta situación, la izquierda debería articular propuestas y discursos destinados a calar y paliar los problemas e inquietudes de esta gran clase media qu,e por ficticia que sea, se ha conformado. Éste es el gran reto de la izquierda. Pero cuando miro más allá de la indefinición e incapacidad del PSOE, sólo me encuentro discursos marxistas. Una dialéctica basada en la lucha de clases, concebida siglos atrás en un contexto radicalmente diferente al de hoy en día. Mientras la derecha neoliberal sigue fabricando, con grandes dosis de propaganda y creatividad, discursos que consigan sacar beneficios de la crisis que ellos mismos crearon, la izquierda se empecina en machacar con un discurso repetitivo y demasiado fundamentado en el denostado ideal moderno del progreso.

Y me pregunto, ¿es la mayoría de la izquierda actual reaccionaria? Porque tan reaccionario me parece un marxista-leninista como un discípulo de Hayek. Porque tan obtuso me parece defender la vigencia del modelo marxista como las políticas del FMI. Porque la izquierda que yo concibo debería abandonar las utopías modernas y centrarse en la consecución de cambios concretos en lugares concretos. Yo concibo una izquierda posmoderna, innovadora, creativa y arriesgada. Y lo que veo es una izquierda anticuada, que mira al futuro con unas gafas que hace tiempo necesita graduar. Dejemos descansar tranquilo a Marx y acuñemos nuevos ídolos. Quizás menos geniales, pero mucho más útiles.

miércoles 27 de enero de 2010

El debate nuclear


El debate nuclear es un debate desigual y viciado desde el principio. En primer lugar, porque los antinucleares son organizaciones de la sociedad civil con medios limitados, y los pro-nucleares, con el Foro Nuclear a la cabeza, son empresas con un potente aparato de lobby. En segundo lugar, porque nunca se reconoce que la energía nuclear ha llegado al grado de desarrollo que tiene debido a las guerras. El s.XX es un siglo de enfrentamientos bélicos. Dos guerras mundiales y una guerra fría con una escalada armamentística sin precedentes entre dos grandes potencias. En este contexto la cantidad de dinero destinado a las tecnologías fue brutal, pero sin embargo no fue hasta 1955 cuando se planteó la posibilidad de utilizarla para fines civiles. Y en tercer lugar porque la energía nuclear es la respuesta a la pregunta equivocada. No se trata de producir energía para mantener el actual modelo, se trata de cambiarlo para que sea sostenible y eficiente. Pero los pronucleares pretenden crear la ilusión de que invirtiendo en esta energía todo puede seguir igual.

El debate es muy complicado y complejo, y por ello me centraré en tres aspectos esenciales, por configurar los tres principales argumentos de los pronucleares: La energía nuclear es limpia por no emitir CO2 y sirve para luchar contra el cambio climático, la energía nuclear es barata y rentable económicamente y ayudará a acabar con la dependencia energética española.

La energía nuclear es limpia y sirve para combatir el cambio climático.

La energía nuclear no es limpia, sino que de hecho es la más sucia. No emite CO2, pero genera una gran cantidad de residuos radiactivos de alta peligrosidad. Algunas variantes del plutonio siguen siendo radiactivas durante casi 25.000 años. Además emiten gases a través de la chimenea y vertidos líquidos al mar, río o fuente de agua utilizada para su refrigeración. Según un estudio del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III del Ministerio de Sanidad, la tasa de mortalidad por mieloma múltiple en las proximidades de la central nuclear de Zorita es 4 veces más alta de lo normal. También en enero de 2008, se publicó en European Journal of Cancer un estudio de investigadores alemanes que demostraba que los niños que viven a menos de cinco kilómetros de una central nuclear tienen un 50% más de probabilidades de desarrollar leucemia.

Tampoco sirve para combatir el cambio climático. El Protocolo de Kioto recoge el Mecanismo de Desarrollo Limpio, un sistema para invertir en sistemas de reducción de CO2. Algunas potencias intentaron incluir la energía nuclear dentro de este mecanismo. Pero los países pobres y en vías de desarrollo lo impidieron. Para los países pobres, porque las redes de alta tensión que se necesitan para la energía nuclear son muy caras y de muy poco uso dado su consumo. Para los países en desarrollo densamente poblados, los costes y el tiempo invertido en construir centrales nucleares impide que esta energía pueda desarrollarse al mismo ritmo que la demanda creciente. Hay que recordar que los países en desarrollo como China, India o Brasil son los más contaminantes junto con EE.UU.

La energía nuclear es barata y por lo tanto rentable.

El Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), probablemente la institución tecnológica y científica más importante del mundo, asegura explícitamente en su informe “El futuro de la energía nuclear” editado en 2003, pero actualizado cada año, que en las actuales condiciones la energía nuclear no es económicamente rentable. Para que lo fuera sería necesario reducir el plazo de construcción de las centrales de 10 a 4 años (cosa que hoy por hoy no es viable) o reducir los costes de operación y mantenimiento en un 8%. El nuevo reactor que se está construyendo en Finlandia pretendía ser el emblema del resurgimiento nuclear, y aseguraron que estaría acabado en 4 años. Sin embargo, a día de hoy el fin de la construcción se retrasa un mínimo de tres años (es decir tardarán por lo menos 7 años) y los sobrecostes derivados pueden superar las 3.000 millones de euros. La energía nuclear depende por tanto de elevadísimas subvenciones estatales.

La energía nuclear acabará con la dependencia energética española

De todos los argumentos éste quizás es el que tiene menos sustento. En la actualidad España importa el 80,2% de la energía que consume, principalmente gas y petróleo. No obstante, España no tiene reservas ni minas de Uranio, ya que la última mina de este tipo dejó de producir en el año 2.000. Por lo tanto estamos hablando de que tendría que importar el 100% del uranio necesario. Además, la energía nuclear tiene mínimos efectos sobre el consumo de petróleo, ya que el 95% del mismo se utiliza en el sector transportes. Otro argumento es que los países extractores de uranio son más seguros y estables que los extractores de petróleo. Los exportadores de uranio son Canadá, Australia, Brasil, Níger, Rusia, Namibia, Kazajistán. Desde luego los cuatro últimos no parecen los mejores socios energéticos desde un punto de vista geoestratégico.

Frente a esto, un estudio del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Pontificia de Comillas demostró que existen varias combinaciones de energías renovables que podrían satisfacer el 100% de la demanda de energía eléctrica peninsular. Por supuesto esto requeriría de un cambio de modelo en el que el ahorro y la eficiencia fueran los dos elementos centrales de la política. Es necesario apostar por la innovación y nuevos conceptos cómo la bioarquitectura. Arquitectos de prestigio internacional cómo Richard Rogers han demostrado que se pueden construir edificios autosuficientes desde el punto de vista energético a un precio significativamente menor que los actuales inmuebles.

Lo que pretendo demostrar con esta entrada es que los antinucleares no somos integristas verdes ni pretendemos volver a la era de la cavernas, como aseguran neoconservadores del calado intelectual de Aznar. Simplemente somos personas preocupadas por el medio ambiente y la salud que no entendemos por qué hay que dedicar tanto dinero público a una energía que es sucia, peligrosa, cara, no sirve para combatir el cambio climático y no resuelve el problema de la dependencia energética. Ser antinuclear es apostar por un mundo más limpio, más saludable, más sostenible y más justo. Un mundo basado en la innovación y el conocimiento puestos al servicio de las verdaderas necesidades del ser humano.

lunes 25 de enero de 2010

Un aperitivo nuclear


La polémica por la ubicación del cementerio nuclear, tanto en Yebra como en Ascó, ha reabrierto el debate sobre la energía nuclear. Un debate desigual, porque mientras los antinucleares son organizaciones de la sociedad civil, el lobby nuclear cuenta con multinacionales que están llevando a cabo una potente campaña, que va desde cursos de supuesta formación sobre energía nuclear a periodistas a compras de espacios en los medios.

Mientras preparo el alegato antinuclear, les dejó una de las opiniones más interesantes que he escuchado sobre el tema. Marcel Coderch, autor del libro "El espejismo nuclear":
el tan cacareado renacimiento nuclear no es más que un peligroso espejismo porque tiene como objetivo convencer al público de que, si acepta la opción nuclear, podrá seguir malgastando energía como en el pasado y que, además, resolverá el problema del cambio climático. La realidad desvanecerá este espejismo pero posiblemente después de haber hecho un daño tremendo, porque habremos desperdiciado el tiempo y los recursos económicos que necesitamos para la imprescindible transición a un sistema energético renovable.

jueves 21 de enero de 2010

Los políticos como problema


Cuándo un político asegura en público algo que no se corresponde con la realidad, sólo caben dos posibilidades. O es un ignorante insuficientemente preparado e informado para el cargo que ocupa, o miente a sabiendas para cuadrar sus argumentos populistas y alcanzar el poder. En ambos casos debería dimitir o ser cesado por no cumplir los requisitos que su puesto requiere.

Escribo esto a raíz de las declaraciones de la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho. En primer lugar aseguró que había que controlar la inmigración porqué aquí no cabemos todos. Tras ser calificada de racista, intentó defenderse asegurando que “Si en una casa con diez personas llegan cien más, no estarían bien ni los diez ni los cien”. Hay que ir paso por paso para explicar la cantidad de disparates que esta señora ha dicho en dos intervenciones.

Primero. Al decir lo que dijo en términos tan chuscos, coloquiales e impropios de un representante político (“Aquí no cabemos todos”) ha situado el debate sobre inmigración en el plano de la demografía. Primera chorrada. Si España tienen algún problema demográfico es el de los pocos nacimientos y el envejecimiento de la población. En España el crecimiento vegetativo es muy débil. De hecho, desde el año 96 el 76% del crecimiento de la población se debe a la llegada de inmigrantes. La densidad de población en España es de 91 habitantes por km2. La de Alemania es de 230 hab.; la de Francia es de 95 y la de Portugal de 115. Creo que son datos suficientes para demostrar que la afirmación de Alicia Sánchez no se corresponde con la realidad.

Segundo. (Antes de nada me gustaría remitirles al blog de Ignacio Escolar, que con ironía desarma la demogogia de la lideresa del PP.) Ha asegurado que si a una casa de 10 personas llegan 100 ninguno de los 110 estará bien, dando a entender que a España han llegado 10 veces más inmigrantes de la población española que hay. Si trasladamos eso a la realidad, es cómo si hubiese afirmado que a España han llegado 460 millones de inmigrantes. ¿Os parece un disparate? Pues esto es lo que ha afirmado Alicia Sánchez Camacho, miembro relevante del primer partido de la oposición en España.

Tercero. La presidenta del PP en Cataluña, en principio sólo dirigía su discurso hacia los inmigrantes irregulares. Según diversas estimaciones, la cifra de irregulares en España andará entre los 200.000 y el millón. Es decir entre un 0,4 y un 2% de la población total. ¿De verdad el principal problema de la inmigración irregular es que se pueda o no absorber en torno a 350.00 personas? Sinceramente los argumentos de Alicia Sánchez se parecen más a la demagogia de los partidos de extrema derecha y neonazis que al discurso de un alto cargo de un partido que tiene 10 millones de votos.

¿Conclusión? La señora Alicia Sánchez Camacho, presidenta del PP de Cataluña, o es una incompetente que desconoce las cifras más elementales para desempeñar su trabajo, o es una manipuladora demagoga y populista que miente para obtener rédito político. E incluso una segunda conclusión. Uno de los principales problemas de España es el poco calado intelectual de una gran parte de su clase política. Al igual que en un post anterior, me atrevo a pedirle a dicha señora que abandone su cargo y contribuya de manera efectiva a solucionar uno de los principales problemas de España.

sábado 16 de enero de 2010

Fuera de servicio

Fuera de servicio. Esa es la frase que me encuentro insistentemente en los ascensores del metro de Madrid. Y no es puntual. En los últimos meses me ha pasado de manera constante. En la parada de Guzmán el Bueno, en la línea 6, lleva desde septiembre sin funcionar el ascensor. Y a ese hay que unirle la de Embajadores, Príncipe Pío, Plaza de España. Y eso que yo haya comprobado. Uno ya ni siquiera pide que se habilite la red de transporte público para que todos puedan usarla. Uno ya se limita a pedir que por lo menos funcionen las pocas que los están. Será que con la subida injustificada de un 22% en el metrobús a Esperanza no le da para arreglar los ascensores.

Y todavía hay quién se sorprende de que Madrid no sea ciudad olímpica. Una ciudad en la que una persona normal y corriente, por el mero hecho de tener que desplazarse en silla de ruedas prácticamente tenga vetado el acceso al centro de la ciudad. La verdad da pena ver cómo languidece esta ciudad de mano de la política clientelista, antisocial e hipócrita tanto de su comunidad cómo de su ayuntamiento. Porque al final del día lo que marca que uno tenga ganas de quedarse en una ciudad es que pueda desplazarse con normalidad en su transporte público, que siendo estudiante y joven tenga algún mínimo descuento o que la ciudad no se colapse cada vez que amanece con cinco centímetros de nieve. En estos momentos me viene a la mente la famosa frase de Pedro Castro, alcalde de Getafe, “¿porqué hay tanto tonto de los cojones que sigue votando a la…” ¿Recuerdan?

Y no. No soy ningún progre dando la vara con el discurso de los servicios públicos. Soy un simple ciudadano que ya está hasta los cojones de tanta política de mierda, y que a cambio de los impuestos y casi cincuenta euros de abono de transporte le gustaría poder ir con un amigo al baloncesto sin que eso suponga una odisea.

jueves 14 de enero de 2010

¿Política?


Sí así, de manera interrogante. Porque al echar un vistazo a la actualidad, uno se pregunta dónde ha quedado esa palabra que arrastra tras de sí más de 2500 años de historia y significado. Porque desde luego la acción irreflexiva, populista, efectista e inhumana no debería ser considerada política. La política debería ser el lugar sobre se dirime acerca del bien común, y no un espacio cedido a las ocurrencias de unos personajes que, de no ser porque tienen encomendada una función tan crucial, provocarían risa. Pero cuando se juega con seres humanos la risa se torna en náusea.

En este caso, ha sido un señor llamado Josep Maria Vila d'Abadal (en la foto), a la sazón alcalde de Vic (localidad barcelonesa) el que nos ha hecho maravillarnos con una genial ocurrencia. Ni más ni menos ha vetado el empadronamiento a los inmigrantes irregulares. Según él y el resto del consistorio, gobernado en coalición por PSC, CIU y ERC, lo hacen para "salvar la ciudad": lograr que la gente autóctona no vea la inmigración como un problema y que entienda que "lo que se hace con los inmigrantes no les perjudica, que los recién llegados también cumplen la ley como se les exige a los locales"

En fin, no sé si merece la pena hacer mención a semejante mamarrachada. Para empezar puedo, sin temor a equivocarme, decir que este señor es un hipócrita de la peor calaña. Esa medida sólo tiene un objetivo, ahorrarse dinero. El hecho de estar o no empadronado sólo es importante desde un punto de vista, y es el acceso que otorga a los servicios públicos, en especial la sanidad. Con esta medida sólo pretende impedir que muchos seres humanos tengan acceso a cuidados médicos o inscribir a sus hijos en el colegio. De paso demoniza a un colectivo ya de por sí castigado y los culpa indirectamente de los males de la ciudad. ¿Salvar la ciudad? ¿De quién y por qué? ¿Por qué toma la medida ahora y no en los años de bonanza económica?

Cabe preguntarse si este señor propondrá medidas tales cómo renunciar al IVA sobre los productos que éstas personas compren, renunciar a los impuestos sobre los alquileres de las casas que alquilen, o si devolverá todo lo que su ayuntamiento y los empresarios locales han ganado gracias a explotar a muchos de los que ahora el señor Josep M. Vila quiere dejar morir de una pulmonía, por ejemplo, ya que les niega la asistencia sanitaria. Pese a lo que pretenden expresar medidas cómo la anunciada, la inmigración ha sido un factor de crecimiento indispensable en las últimas décadas. Desde luego tiene que ser correctamente gestionada, pero eso no pasa por negar derechos esenciales a seres humanos. Estoy preparando una entrada para desmontar algunos tópicos sobre inmigración y centrar el debate sobre sus dimensiones reales. Mientras tanto me atrevo a proponer una medida. Si de verdad su interés del alcalde es tan loable, le propongo que dimita y ponga su granito de arena para librar a Vic y al resto de España de una casta de políticos tan desvergonzados. ¡Qué asco!